domingo, 12 de agosto de 2012

Don Alejandro

Don Alejandro era un hombre sabio, sabía más por viejo que por hombre.
Hacía rato que se venía retirando del ruido mundanal, los años lo iban dejando cada vez más sordo.
Pero hasta su sordera era sabia, escuchaba atentamente a sus nietas y jamás mi cháchara idiota.
Don Alejandro vivía entre nosotros, pero no jugaba nuestros dramas. Reía mirando el diario, bromeaba con todo y con todos los que quisieran oír.
Vivió una vida sobria, sin limitaciones pero sin excesos. Su humor era fresco y constante.
Don Alejandro envejeció sin dependencias emocionales ni físicas. Fué a comprar su pan todos los días.
Festejó sus cien con alegría y sin cuentas pendientes.
Llegando casi al 101, un día agradeció a la vida y a los que lo habían acompañado hasta allí, y en un resfrío, se dejó llevar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Comente, o calle para siempre...