sábado, 25 de agosto de 2012

Pensar la vida

Pensar la vida como pulso, como un latido firme que a cada golpe desafía el silencio.
Como chispa, como presencia osada que enciende todo en un instante, y en otro desaparece.
Pensarla como salto, como huella, como grito en el vacío. Como movimiento, mutación, reto a la muerte. Como búsqueda, centro y periferia.
La vida como exultante generosidad, como generador de novedad, como búsqueda ilimitada de ser, de imaginar lo imposible hasta hacerlo existir.
La vida como legado, como un continuo dar, porque eso es lo que es. Cada respiración, cada mirada, cada sonrisa, cada caricia, y también cada maltrato y cada desprecio se esparce por el espacio tiempo como una causa de efectos a veces incalculables. 
La vida entonces como lentitud, como cautela y silencio, como contemplación, como sabiduria.
Y el final, como agradecimiento, un saludo, un dolor. Como angustia de caer, separación, y paz. Lo que queda se devuelve respetuosamente a la tierra, a la que pertenece.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Comente, o calle para siempre...