Vagón
de tren, viernes, 11 de la mañana. Un colombiano delirante cuenta a
viva voz sus aventuras enfrentando a la DEA y a los grandes poderes
mundiales y nos advierte sobre los peligros a los que estamos expuestos.
Un pordiosero viejo y borracho canta un tango y pasa pidiendo monedas.
Dos chicas se excitan mirando en un diario las fotos de los jugadores de
la selección. Al lado, una mujer embarazada
se concentra en otra ficción literaria: la biblia. Otro con el celular
puesto de vincha en la oreja izquierda, nos tortura con un poco de
reggaeton. Uno sentado en el piso en posición de loto palmea sus
rodillas como si fuesen bongós. Otro disfrazado de judío ortodoxo lee un
texto aparentemente sagrado, lo interrumpe súbitamente para bajarse,
muy apurado. Yo mismo escucho Vivaldi con auriculares y leo un libro
sobre una de las grandes ficciones de nuestra época: la neurobiología. Y
por poco me olvido de bajar con la bicicleta...
A veces me pregunto de qué lado del paredón del manicomio habremos quedado...
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