Un día, cuando tenés aproximadamente 15 años, te preguntás cuál sería tu trabajo ideal. Otro día, 23 años después, te lo respondés.
Mi laburo ideal sería en una "Agencia de Creatividad". No se malentienda, aunque tienen algunas similitudes, una agencia de creatividad no es lo mismo que una agencia de publicidad. Las agencias de creatividad todavía no existen, o están disimuladas detrás de diversas agencias de consultoría especializada.
En una agencia de creatividad se venden soluciones llave en mano a los problemas planteados por los clientes. El equipo que atiende estos problemas está compuesto por gente de varias disciplinas (se me ocurren biólogos, médicos, psicólogos, desarrolladores de software, redactores, escritores, educadores, filósofos, diseñadores, artistas, científicos y humanistas de todo tipo) cuya característica principal debería ser un alto grado de inteligencia aplicada a la solución de problemas de elevada complejidad. El objetivo de la agencia, dado un problema, sería ofrecer una solución absolutamente nueva, en conformidad con todos los miembros del equipo y con el cliente. Si el plan es aceptado se pasa a su ejecución, cuyos gastos son aprobados y costeados por el cliente. La ejecución del plan es realizada y/o conducida por el equipo creativo también, eso garantiza el compromiso de la agencia en cuanto a los resultados del plan. La agencia cobraría un pequeño porcentaje del beneficio que al cliente le reporte la solución implementada, que se medirá con las herramientas disponibles en cada caso. Además el cliente pagará los gastos de ejecución de la solución, pero como la capitalizará como propia no será verdaderamente un gasto sino una inversión para su empresa o institución. Además el cliente pagará honorarios a los miembros del equipo que trabajarán en su solución durante el tiempo que sea necesario, pero este honorario representará para el cliente un sueldo promedio de su empresa, no más.
Para los que les gusta asociar con algo conocido, sería como "Brigada A" pero sin tiros ni fugitivos de la justicia. O como un trabajo de consultoría muy amplio, con un compromiso en cuanto a la originalidad en la idea y la ejecución del proyecto.
Lo primero que se me viene a la cabeza cuando pienso en esta hipotética "Agencia de Creatividad" es que para mí, además de ofrecer soluciones novedosas, creativas y también redituables, tendrían que tener algún tipo de compromiso social. Creo que el hecho de que la solución salga de un grupo que además tiene que consensuar con el cliente y sus propios asesores, debería garantizar una cierta amplitud de mirada. Pero ¿Qué pasaría si un político corrupto pide una solución para blanquear su imagen? Un equipo que tuviera una visión social del trabajo aconsejaría al cliente que la mejor manera de limpiar su imagen es efectivamente limpiarla, es decir, la solución se orientaría a guiarlo y acompañarlo en un camino de apertura de conciencia, de manera de no quedar tan pegado en patrones de materialismo y miedo y abrirse a una comunión con sus semejantes, en este caso, sus posibles votantes. En el caso de una empresa que quiera ser número uno en su mercado, se identificaría cuál es el máximo valor social que esa empresa puede aportar con lo que hace, de manera que con unos años de trabajo pueda ser reconocida como un ejemplo de calidad e innovación real, sin fachadas, sin publicidades engañosas.
¿Es muy loco pensar en una agencia que ofrezca estas ideas y se comprometa a implementarlas? ¿Podremos comenzar a fantasear con este tipo de empresas, donde además de la persecución de beneficios económicos se busque la satisfacción y el compromiso de un grupo amplio de gente con una marcada conciencia social? Si alguno de los que leen este deliro tirado al hiperespacio quiere aportar alguna idea para ir perfilando esta locura, me deja un comment acá o me manda un mail a: diegoldemedia(poneelarrobaacá)gmail(estovendríaaserunpunto)com
Saluti a tuti.
miércoles, 5 de septiembre de 2012
martes, 4 de septiembre de 2012
Mis mandamientos
1) Crecerás, te maravillarás, aprenderás, comprenderás. Y disfrutarás el viaje.
2) Cuidarás lo que legaron tus ancestros.
3) Crearás lo que legarán tus descendientes.
4) Cuando llegue tu hora, te irás en silencio. En paz con todo.
viernes, 31 de agosto de 2012
De artistas y de locos
¿De donde viene la fascinación social con los locos y la locura? Balada para un loco, el loco de la calesita, the fool on the hill, esos locos bajitos, no estamos locos, crazy little thing called love, son algunos poquísimos ejemplos de canciones dedicadas a locos o a explorar, alabar o, aunque suene contradictorio, intentar entender la locura. En la pintura tenemos al "loco de cabellos rojos", Van Gogh, que es un caso icónico de locura que se expresa desesperadamente a través del arte. También el surrealismo, con Salvador Dalí, nos llevó de paseo por mundos de delirio y sinsentido. Incluso en los dichos populares podemos ver indicios de esta loca seducción. "De artista y de loco, todo el mundo tiene un poco" además de emparentar al artista con el loco, reserva un poco de locura para nosotros, los cuerdos. Otra, "los niños, los borrachos y los locos dicen la verdad" más fuerte todavía, porque asume que existe una relación entre la locura y la verdad, lo cual para la razón es el anatema.
En este contexto ¿Cómo definiríamos la razón? La razón es un marco donde modelamos nuestra experiencia social e individual. Funciona como un espacio, una estructura, el universo donde respira la lógica, el pensamiento y el lenguaje. La razón nos ubica en el mundo de lo posible, de lo previsible. Un entorno regulado que nos permite jugar a ser los reyes de la creación, porque el que entiende puede anticiparse y estar preparado. Es decir que con la razón ganamos tiempo y capacidad de reacción ante lo inesperado, lo cual no es poca cosa.
Pero la razón tiene límites, y son límites duros. La razón permite pensar lo pensable, decir lo decible. Pero ¿Qué tipo de recorte sobre qué substancia fundamental hicimos para construir el andamio de la razón? ¿Dónde queda entonces lo impensable, lo indecible? Varios filósofos se hicieron esas preguntas, algunos lo ubicaron en dios (lo que sea que ello signifique), otros elucubraron teorías sobre lo inconsciente, y otros simplemente se detuvieron pasmados ante la inmensidad del misterio.
Las fronteras de la razón son, por definición, mundos inexplorados. Sólo algunos locos tienen el coraje o la inconsciencia suficiente para aventurarse donde las cosas no tienen nombre. No es sencillo navegar en el mundo de la sensación, de la experiencia extática, del movimiento puro despojado de cualquier conocimiento. Por eso este tipo exploración queda reservada a los llamados artistas: gente que cree en la posibilidad de significar el mundo de la sinrazón y traer algo de vuelta, como un Marco Polo mental, que trae pensamientos exóticos a nuestra pequeña aldea de lo razonable.
Así, en nuestro mundo cognoscible, previsible y razonable, los locos son los que no entienden la locura de nuestra razón, gente que ha cruzado el puente hacia lo impensable y no puede o no quiere volver. En nuestro mundo, el arte pareciera ser el único discurso social que puede y debe expresar locura. El artista es un intermediario, un comerciante del sentido. El artista se interna en locura señalizando el sendero para volver y comunicar sus vivencias de la manera en que le permitan sus elementos, sus técnicas, su ingenio, y su imaginación. Por eso muchos artistas no son entendidos, por eso se dice de algunos que se adelantaron a su tiempo, el loco que en el siglo XII decía que el hombre podía volar ardía en la hoguera, pero ocho siglos después el hombre finalmente pudo volar, y hoy loco sería el que pretendiera negarlo. Demos gracias, celebremos y abracemos a nuestros locos que, jugándose la razón y la vida, iluminaron nuestro mundo con pinceladas y colores nuevos, increíbles, inimaginables.
No estamos locos. Ketama.
En este contexto ¿Cómo definiríamos la razón? La razón es un marco donde modelamos nuestra experiencia social e individual. Funciona como un espacio, una estructura, el universo donde respira la lógica, el pensamiento y el lenguaje. La razón nos ubica en el mundo de lo posible, de lo previsible. Un entorno regulado que nos permite jugar a ser los reyes de la creación, porque el que entiende puede anticiparse y estar preparado. Es decir que con la razón ganamos tiempo y capacidad de reacción ante lo inesperado, lo cual no es poca cosa.
Pero la razón tiene límites, y son límites duros. La razón permite pensar lo pensable, decir lo decible. Pero ¿Qué tipo de recorte sobre qué substancia fundamental hicimos para construir el andamio de la razón? ¿Dónde queda entonces lo impensable, lo indecible? Varios filósofos se hicieron esas preguntas, algunos lo ubicaron en dios (lo que sea que ello signifique), otros elucubraron teorías sobre lo inconsciente, y otros simplemente se detuvieron pasmados ante la inmensidad del misterio.
Las fronteras de la razón son, por definición, mundos inexplorados. Sólo algunos locos tienen el coraje o la inconsciencia suficiente para aventurarse donde las cosas no tienen nombre. No es sencillo navegar en el mundo de la sensación, de la experiencia extática, del movimiento puro despojado de cualquier conocimiento. Por eso este tipo exploración queda reservada a los llamados artistas: gente que cree en la posibilidad de significar el mundo de la sinrazón y traer algo de vuelta, como un Marco Polo mental, que trae pensamientos exóticos a nuestra pequeña aldea de lo razonable.
Así, en nuestro mundo cognoscible, previsible y razonable, los locos son los que no entienden la locura de nuestra razón, gente que ha cruzado el puente hacia lo impensable y no puede o no quiere volver. En nuestro mundo, el arte pareciera ser el único discurso social que puede y debe expresar locura. El artista es un intermediario, un comerciante del sentido. El artista se interna en locura señalizando el sendero para volver y comunicar sus vivencias de la manera en que le permitan sus elementos, sus técnicas, su ingenio, y su imaginación. Por eso muchos artistas no son entendidos, por eso se dice de algunos que se adelantaron a su tiempo, el loco que en el siglo XII decía que el hombre podía volar ardía en la hoguera, pero ocho siglos después el hombre finalmente pudo volar, y hoy loco sería el que pretendiera negarlo. Demos gracias, celebremos y abracemos a nuestros locos que, jugándose la razón y la vida, iluminaron nuestro mundo con pinceladas y colores nuevos, increíbles, inimaginables.
No estamos locos. Ketama.
martes, 28 de agosto de 2012
Acerca del Tao del conocimiento, y su evidente circularidad.
Ignorancia, nada puede decirse acerca de ello.
Creencia, se puede decir muy poco acerca de ello.
Información, pueden decirse muchas cosas acerca de ello.
Conocimiento, se puede decir mucho acerca de ello y de sus relaciones con otros.
Sabiduría, nada puede decirse acerca de ello.
sábado, 25 de agosto de 2012
Pensar la vida
Pensar la vida como pulso, como un latido firme que a cada golpe desafía el silencio.
Como chispa, como presencia osada que enciende todo en un instante, y en otro desaparece.
Pensarla como salto, como huella, como grito en el vacío. Como movimiento, mutación, reto a la muerte. Como búsqueda, centro y periferia.
La vida como exultante generosidad, como generador de novedad, como búsqueda ilimitada de ser, de imaginar lo imposible hasta hacerlo existir.
La vida como legado, como un continuo dar, porque eso es lo que es. Cada respiración, cada mirada, cada sonrisa, cada caricia, y también cada maltrato y cada desprecio se esparce por el espacio tiempo como una causa de efectos a veces incalculables.
La vida entonces como lentitud, como cautela y silencio, como contemplación, como sabiduria.
Y el final, como agradecimiento, un saludo, un dolor. Como angustia de caer, separación, y paz. Lo que queda se devuelve respetuosamente a la tierra, a la que pertenece.
lunes, 13 de agosto de 2012
Alumbrar (fragmento), por Patricia Rojas
Alumbrar es un acto de amor.
Como dar luz y dar a luz. Llenar de claridad.
Armar un nido. Constuir un templo.
Dar vida. Dar de comer. Dejar dormir. Dejar crecer.
No dejar solo pero dejar ser. Respetar.
Desahogar y desembarazar. Ayudar. Reír. Escuchar.
Consagrar cada acto de la vida cotidiana.
Bendecir lo que se come. Respirar.
Acompañar. Hablar con claridad.
Iluminar.
Inspirar.
Estar.
Vivir.
Ser.
Como dar luz y dar a luz. Llenar de claridad.
Armar un nido. Constuir un templo.
Dar vida. Dar de comer. Dejar dormir. Dejar crecer.
No dejar solo pero dejar ser. Respetar.
Desahogar y desembarazar. Ayudar. Reír. Escuchar.
Consagrar cada acto de la vida cotidiana.
Bendecir lo que se come. Respirar.
Acompañar. Hablar con claridad.
Iluminar.
Inspirar.
Estar.
Vivir.
Ser.
domingo, 12 de agosto de 2012
Don Alejandro
Don Alejandro era un hombre sabio, sabía más por viejo que por hombre.
Hacía rato que se venía retirando del ruido mundanal, los años lo iban dejando cada vez más sordo.
Pero hasta su sordera era sabia, escuchaba atentamente a sus nietas y jamás mi cháchara idiota.
Don Alejandro vivía entre nosotros, pero no jugaba nuestros dramas. Reía mirando el diario, bromeaba con todo y con todos los que quisieran oír.
Vivió una vida sobria, sin limitaciones pero sin excesos. Su humor era fresco y constante.
Don Alejandro envejeció sin dependencias emocionales ni físicas. Fué a comprar su pan todos los días.
Festejó sus cien con alegría y sin cuentas pendientes.
Llegando casi al 101, un día agradeció a la vida y a los que lo habían acompañado hasta allí, y en un resfrío, se dejó llevar.
Hacía rato que se venía retirando del ruido mundanal, los años lo iban dejando cada vez más sordo.
Pero hasta su sordera era sabia, escuchaba atentamente a sus nietas y jamás mi cháchara idiota.
Don Alejandro vivía entre nosotros, pero no jugaba nuestros dramas. Reía mirando el diario, bromeaba con todo y con todos los que quisieran oír.
Vivió una vida sobria, sin limitaciones pero sin excesos. Su humor era fresco y constante.
Don Alejandro envejeció sin dependencias emocionales ni físicas. Fué a comprar su pan todos los días.
Festejó sus cien con alegría y sin cuentas pendientes.
Llegando casi al 101, un día agradeció a la vida y a los que lo habían acompañado hasta allí, y en un resfrío, se dejó llevar.
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