lunes, 11 de abril de 2011

Roncanrol

El tipo era historia viva, no se podía negar, pero la verdad es que últimamente estaba irreconocible. Del rockero irreverente y tirabombas que era parecía que ya no quedaba nada. Sin embargo el tipo tenía su público fiel, y son ellos los que hicieron correr este rumor.

Dicen que un buen día, en medio de un recital intrascendente y aburrido en un bolichito de Buenos Aires, mientras la banda se deshacía en un solo, el tipo caminó con dificultad hacia el centro del escenario y con un movimiento lento y teatral abrió un cierre que se disimulaba desde la ingle hasta la coronilla. La gente estaba azorada, no se había visto tamaño acto de transformismo desde los días de Sapag. Y para colmar el espectáculo, ante el público boquiabierto, cae al piso el inmenso traje de gomaespuma, dejando a la vista un flacucho zaparrastroso de bigote y lentes, que los mira fijamente uno por uno y después, señalando al cielo grita: "Roncarol y la concha de tu madre!!". 

Obviamente, se sentó al piano y lo descosió. Dicen que al final lo prendió fuego, en homenaje al gran Jerry Lee. Y nunca más volvió a tocar en vivo. Algunos dicen que está encerrado en su casa, otros que se fue de gira con Hendrix y Lennon. Pero el flaco está vivo, dicen todos.

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